En Granada, febrero de 1990, una casa antigua del Albaicín se convierte en escenario de un horror sin demonios… pero con algo igual de letal: la convicción absoluta. Tras la muerte de un niño por leucemia, una familia marcada por el dolor empieza a interpretar sucesos extraños como señales del “más allá”. La superstición, el miedo y la culpa se mezclan hasta que Encarnación Guardia, una mujer de 36 años, cae en un delirio místico: asegura estar embarazada del “hijo de Lucifer”, una “semilla” que la está consumiendo. Buscan ayuda en una espiritista, organizan una comida familiar para “calmar al espíritu”… pero la noche deriva en un ritual improvisado liderado por Mariano Fuentes, “El Pastelero”, un hombre fanático y convencido de estar librando una guerra contra el infierno. Sin sacerdotes, sin protocolo, sin medicina: solo vinagre, pimienta y sal, y una lógica cerrada donde el sufrimiento es “purificación”. El ritual termina con el silencio más definitivo: Encarnación deja de responder. Y aun así, el líder se aferra a su “verdad”: no fue un crimen… fue una “victoria”.